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jueves, 12 de febrero de 2009

Por Curiosidad


Esta entrada va dirigida a mis compañeros de redacción 2. Supongo que todos recuerdan El Diario de una Anoréxica, en el parcial se nos pidió que redactáramos una carta a un familiar de Valèrie, pues yo le escribí a su madre, y decidí publicar mi carta, ya que tengo la curiosidad de comparar opiniones con ustedes. Aquí va:


Señora madre de Valèrie:


Es un gusto saludarle. Tenía muchas ganas de escribirle luego de leer el diario de su hija. Hay tantas cosas que quisiera decirle, pero quizá preferiría hacerlo en persona, lo cual es imposible. Así que solo diré lo más importante.


Para empezar, no sé si realmente se sintió mal con todo lo que le ocurrió a su hija. Talvez no. Según su hija, usted es la peor lacra de la vida. Uno de los errores de Dios. La verdad no me agrada mucho que digamos, y creo en todo lo que Valèrie decía sobre usted. No puedo creer que sea tan hipócrita, usted jamás quiso a su hija. Y estoy casi seguro de que el haberle internado fue indiscutiblemente solo para desembarazarse de ella (como diría Valèrie).


Ahora entiendo a su esposo. Con alguien como usted es mejor morirse. Gracias a Dios decidió marcharse y llevarse a su hijo con él. De lo contrario, seguro terminaban como Valèrie o peor. Me parece extremadamente repulsiva su manera de coquetear con todo ser viril que se atraviese en su camino.


Por otro lado, también le echo la culpa de que Valèrie haya decidido morir. Según mi punto de vista, ella se suicidó, y la mayor razón fue usted. Debería sentirse avergonzada por lo que le hizo y talvez sería bueno que usted también se suicidara.


Bueno, creo que eso es casi todo lo que opino. Espero le haya parecido interesante. Por favor, jamás vuelva a tener hijos. Sería definitivamente un crimen.



Atte. René Hernández Seoane


Guerra inútil


¿Qué es la guerra? Es la forma de conflicto más grave entre dos grupos humanos. ¿Por qué existen guerras? Son muchos los factores que pueden llevar a una guerra, desde disputas por terrenos, hasta ideología política, y en casos más extremos, como es el de nuestro país, por simples riñas en los deportes. ¿Absurdo no?.


Por otro lado, no todas las guerras carecen de razón. Hay algunas que realmente la tienen, o por lo menos es lo que nos hacen creer. Por ejemplo: la guerra de Irak, que surgió luego del atentado terrorista al World Trade Center. ¿Fue una guerra justificada?


Aparentemente Los Estados Unidos tuvieron suficientes razones para declararle la guerra al supuesto responsable. Pero lo cruel del asunto fue que miles de inocentes murieron. Ahora bien, algo debe haber hecho Estados Unidos para merecer semejante venganza. Eso es lo que los medios ocultan. Dudo mucho que el Al-Qaeda haya cometido tal barbarie solo por que sí. ¿Es que acaso estaba ya escrito que en el año 2001 debían atacar a la máxima potencia mundial?


Es por eso que me opongo a esa y a cualquier otra guerra, o no sin antes descubrir quien fue en realidad el verdugo y quien la víctima. Es un hecho que Estados Unidos se apodero de todas las tierras ricas en petróleo de ese país. Esto me hace dudar de la verdadera intención de la “guerra contra el terrorismo”. Entonces, ¿Es justificable que los Estados Unidos haya atacado sin misericordia ciudades enteras, arrasando con absolutamente todo a su paso, tanto con el ejercito opositor, como con gente inocente, niños, mujeres y ancianos? ¿Quién es el terrorista ahora?


Posiblemente el atentado de las torres gemelas fue en venganza por algún acto de terrorismo o imperialismo desmedido causado años atrás por Estados Unidos en los países del medio oriente. Entonces, podría decir que se hizo justicia. Pero la venganza jamás llevará a la paz. Este tema ha sido tratado en todo el mundo, millones a favor y millones en contra. Pero al final es inútil. Nadie puede ni podrá hacer nada por cambiar los caprichos de un país tan poderoso.


jueves, 5 de febrero de 2009

Papá genial


A mi padre: No es necesario recordarte, pues estás presente en todas mis decisiones importantes. Me resulta innecesario pedir tu aprobación, ya que sé que siempre me apoyarás. Papá, más que mi mano derecha, eres mi amigo fiel, mi apoyo incondicional.

En ocasiones, como todo padre, te enojas sin razón, pero sé que siempre es por mi propio bién, sé que siempre pensarás en lo que me conviene, a mí y a mis hermanos por igual. A pesar de que ya no vivas con nosotros, estas ahí, estas aquí. Definitivamente eres mi mayor inspiración, mi herramienta para salir adelante. Mi ejemplo. Te vi caer y levantarte con fuerza cuando todo parecía perdido. Has estado conmigo en las buenas y malas. Hemos reído, llorado, peleado y bromeado. Mi papá genial.

A veces no entiendo cómo puedes tener siempre la frente en alto, siempre sonriente, siempre preparado ante todo problema y dificultad. Me pongo en tu lugar y realmente no sabría qué hacer. Me imagino que ese es el poder de la experiencia. Recuerdo cuando era pequeño y me contabas anécdotas de tu niñez y juventud. Las aventuras para llegar a la escuela, kilómetros de camino de tierra en las afueras de Santa Ana. El tío Mauricio descalzo, terco, sucio. Jamás se ponía los zapatos. La verdad no entendía por qué me contabas todas esas historias. Yo pensaba que solo para divertirme. Pero hoy me doy cuenta de que todo lo hacías para hacerme ver lo mucho que te costó superarte, y para que yo no desaprovechara las oportunidades que has logrado darme.

Es imposible no pensar en el día en que ya no estés conmigo, pues para todos existe un final. Espero que para eso falte muchísimo. Aún necesito tus consejos, tu guía. Quiero que sepas que así como siempre estás para mí, yo estaré para ti.

Sé que en ocasiones te he fallado, y lo siento. Como dicen “nadie es perfecto”. Está de más decirte lo muy agradecido que estoy contigo, pero nunca cae mal un "gracias, te quiero”.

martes, 3 de febrero de 2009

Complejo tatuaje

Caminado por la ciudad, me topé con un joven de aspecto fresco, tranquilo y alegre. Vestía una camisa blanca, manga larga de botones. No parecía incomodarle a nadie. Es más, la gente lo veía y sonreía. Como si el joven les inspirara confianza. Luego de un par de días, fui a la playa y me volví a topar con el mismo joven, pero esta vez vestía distinto. No llevaba camiseta ni zapatos y solo usaba una bermuda. Rápido noté que había algo muy distinto en él. Tenía muchos tatuajes. En los brazos, la espalda, el pecho y las piernas. Fue increíble lo diferente que la gente lo veía. Intentaban no toparse con él, hacían como si no lo notaban, pero era imposible esconder su intranquilidad.

Ahora yo me pregunto: ¿por qué el hecho de tener tatuajes hace que las personas piensen distinto sobre uno? Es sencillo. Generalmente, la gente no entiende esa clase de cultura. Las relacionan con vandalismo, anarquía, rebeldía y todo tipo de barbaries. Mas no saben la complejidad y valor que un tatuaje puede representar. Alguien como ese joven, que emana confianza por los poros, puede tener increíbles razones y significados para cada uno de sus tatuajes, ya sea para recordar a un ser querido o hasta en representación de algún hecho relevante en su vida. Él, como muchos otros, decidieron marcar su cuerpo con tinta. Y esto no quiere decir que necesariamente sean vándalos o rebeldes.

Tampoco se trata de desmentir el hecho de que las pandillas utilicen los tatuajes como suyos, como representativos a su forma de vivir, ya que un tatuaje puede contar la vida y experiencias de una persona. Generalmente suelen estar marcadas por hechos que en sus vidas han influido a que lleven ese estilo de vivir.

Países como Polinesia probablemente posean la tradición tatuadora más prolongada en el mundo. Las diferentes tribus utilizaban el tatuaje como ornamentación corporal. El tatuaje comenzaba a muy temprana edad y se prolongaba hasta que no quedara región del cuerpo libre de pigmentos. Más allá de su sentido estético, el tatuaje representaba jerarquía y respeto.

Ahora es totalmente distinto, más en países subdesarrollados como el nuestro. Aquí aún se tildan de “mareros” o personas de “dudosa procedencia” a todo aquel que posea tatuajes. Es sumamente inquietante y absurdo que exista gente que llegue hasta el límite de relacionarlos arbitrariamente con religiones paganas o diabólicas. Por otro lado, es posible, ya que existen toda clase de tatuajes para todo gusto, religión, estado social, etc.

Volviendo al tema del joven incomprendido, no creo que a él le importe mucho lo que la gente piense sobre su modo de expresarse por medio de la piel. Al final cada quién es dueño de su cuerpo y puede hacer con él lo que se le venga en gana. El tatuaje es un arte, y como tal, debe ser apreciado y respetado.

Sonrìa


Hoy descubrí que los ángeles existen. Ella es la persona más hermosa de este mundo. Sus ojos achinados color miel me hacen delirar como en un sueño. Su piel tersa y bronceada. Quisiera tocarla, sentirla. Definitivamente es la mujer más linda que he visto. ¿Pero cómo será su forma de ser? Quiero conocerla, pero cada vez que me lleno de valor para hablar con ella, algo pasa. Algún idiota la intercepta antes que yo, o alguien a mí.

Ya pasaron varios días y aún no he logrado hablar con ella. Estoy comenzando a desesperarme. Necesito hablarle. No he pensado qué le diré, pero no importa. Estoy seguro de que algo se me ocurrirá. La vi en la mañana, estaba tan bonita, vestía una camiseta roja muy ajustada y unos jeans gastados. Me encanta verla, pero ya estoy comenzando a aburrirme. Además, jamás la he visto sonreír. No sé por qué.

Es el colmo. Hoy hablaré con ella. Pero antes tengo que encontrarla. La busqué por todas partes. Nadie sabía nada de ella. Pensé en conseguir su número, pero habría sido muy estùpido llamarle, ya que ella no tiene la menor idea de quien soy. De pronto, sentí que alguien me miraba. Era ella. No supe qué hacer, entré en pánico, mis manos sudaban, mis rodillas temblaban y como si nada pudiera ser peor, ella comenzó a caminar hacia mí. Yo no sabía qué hacer, estaba a punto de desmayarme.

Se paró frente a mí y sonrió. ¡Horror! Ahora entiendo por qué jamás la vi reír. Su boca parece sacada de una película de terror. Dientes torcidos, sucios, feos, unos encima de otros. Y el aliento. ¡Por Dios! el olor más putrefacto que pueda emanar una persona. ¡Ah! Quiero correr. Escapar y jamás volver.

Pero ahora qué hago, ella está parada frente a mí con esa sonrisa estùpida, como esperando una respuesta. No se me ocurre nada. De nuevo entro en pánico, tampoco quiero quedar como un imbècil. Pero no tengo remedio. Sonreí y lo único que pude decir fue: -¡Hola!

Me di vuelta y caminé como nunca había caminado en mi vida. Como si me persiguieran cuarenta tortugas. Qué vergüenza. Al final, ya no me importaba, dejó de gustarme para siempre. De eso estoy seguro. Ya ni siquiera me interesaba su forma de ser. Lo único que espero es nunca màs volver a verla. Y menos respirar cerca de ella.